La crisis oculta de la violencia en el lugar de trabajo contra las mujeres

28.09.2017

La violencia contra las mujeres en el trabajo es real; sucede a diario en todos los rincones del mundo. Reviste numerosas formas: desde el abuso verbal y físico hasta la agresión sexual e incluso el asesinato.

Como organización que representa a 50 millones de trabajadores en 140 países, la IndustriALL Global Union cree que todas las formas de violencia contra las mujeres son inaceptables, y apoya a sus afiliados sindicales cuando toman medidas para ponerle fin.

Con demasiada frecuencia, las mujeres que trabajan en los sectores de la IndustriALL – incluidos la minería, el textil y la fabricación – temen pronunciarse contra los abusos de que son objeto por temor a perder su empleo, a la estigmatización o al ostracismo social, tanto en el lugar de trabajo como en el hogar. Y cuando lo hacen a menudo se las ignora o se las culpa.

Una dirigente sindical de una empresa multinacional minera en Colombia no sólo soportó el abuso verbal agresivo y la discriminación de sus colegas masculinos, sino que también fue agredida sexualmente por uno de sus jefes. Cuando se quejó a la empresa, otra mujer se sintió impulsada a presentar alegaciones similares contra el mismo hombre. A pesar de que la empresa dijo que abordaría la situación, no se hizo nada.

Muchas veces, la complicidad de la empresa permite a los perpetradores actuar impunemente. Cuando una mujer joven que trabajaba en el sector aeroespacial en Marruecos se quejó de ser acosada sexualmente por su supervisor, la empresa la acusó de inventar la historia. La dirección ejerció presión sobre la mujer para que retirara la acusación, explicando el impacto negativo que tendría para la empresa si el caso se hiciera público. La mujer no tenía pruebas de haber sido hostigada, y era su palabra contra la suya. Acabó abandonando la empresa.

El poder que ejercen los hombres sobre las mujeres prevalece sobre estos testimonios de abuso y acoso. Y cuando se desafía pueden surgir nuevos problemas. Una trabajadora de una empresa minera colombiana dijo que su vida la había convertido en un “infierno” un colega masculino que se negaba a aceptar que ella fuera su igual. El acoso y el abuso verbal no cesaron hasta que ella actuó a través de su sindicato.

En el sector minero, en el que predominan los hombres en Sudáfrica, el acoso sexual de las mujeres es muy común. Las mujeres informan de que comienza en el minuto en que suben a la jaula para bajar al fondo de la mina, pues sus compañeros masculinos se aprovechan del limitado espacio para tocarlas o empujar sus pechos contra las paredes.

La tolerancia del acoso sexual puede culminar en la violencia más horrible. La minera sudafricana de 27 años, Pinky Mosiane, fue encontrada en un charco de sangre con un condón usado desechado muy cerca, después de ser atacada por un compañero en 2012. La joven madre, que había estado trabajando bajo tierra en una zona aislada, murió poco después. Otra minera, Cynthia Setuke, fue violada y asesinada por un colega cuando trabajaba en un pozo de extracción con poca luz en 2013. En un estudio publicado por la institución benéfica Médécins Sans Frontières en 2016 se decía que una de cada cuatro mujeres que viven en el cinturón de extracción de platino de Sudáfrica había sido violada.

Sin embargo, la violencia contra las mujeres no se limita a los sectores dominados por los hombres. Los representantes sindicales y los trabajadores de sindicatos del textil y el vestido en América Latina, Asia y el Norte de África han informado de que la violencia contra las mujeres está generalizada también en sus sectores.

“Nuestros jefes nos hablan a gritos, y nos dan todo tipo de órdenes, incluso cuando tenemos un trabajo que hacer. Nos tratan como a burros, y nos dicen que no trabajamos bien, nos controlan cuando vamos al baño y no permiten a las mujeres embarazadas acudir a las citas médicas”, dijo una trabajadora del sector textil de Perú.

Las presiones de producción influyen también en que los supervisores traten mal a los trabajadores. En Marruecos, las trabajadoras de la confección informaron de sufrir abusos físicos y verbales, de que se les impide ir al lavabo, se las pellizca, se las abofetea o golpea con la ropa que están haciendo si su ritmo de trabajo se considera insuficiente. Los sindicatos están luchando, escriben a las inspecciones de trabajo y a los empleadores, y se quejan a la policía.

A veces se ataca a las mujeres simplemente porque están embarazadas, lo que supone un riesgo para la madre y para el feto. Una trabajadora de la confección de Perú contó cómo se le denegó reiteradamente el permiso para recibir atención médica, al no sentirse bien en el trabajo. A pesar de su extremo cansancio, la empresa la obligó a seguir trabajando en los turnos de noche de 12 horas, desde las 7 de la mañana hasta las 7 de la noche, aumentando realmente su carga de trabajo un 50 por ciento. Cuando su trabajo empezó a fallar fue suspendida. La empresa la despidió pocos meses después de dar a luz, e incluso falsificó du firma en una carta de renuncia. Su sindicato está defendiendo ahora su caso de despido ilegal en los tribunales.

Las mujeres poco calificadas, madres solteras o trabajadoras por agencia o subcontratadas son las que corren mayores riesgos de violencia de género. Pero las trabajadoras no manuales son igualmente víctimas de abuso. El sindicato sueco Unionen ayudó a una mujer joven que trabaja en una empresa de electricidad, logrando llevar a la magistratura del trabajo al director de la compañía por acoso sexual, después de tocarla indebidamente  en la fiesta de Navidad de la oficina. La policía le había dicho que no había pruebas suficientes para procesarle en los tribunales de justicia penal. Según una encuesta de Unionen sobre 1.000 de sus miembros, una de cada cuatro mujeres ha sufrido acoso sexual en el trabajo.

Como dijo la secretaria general adjunta de la IndustriALL Jenny Holdcroft:

La lucha para erradicar la violencia contra las mujeres en el lugar de trabajo tienen que librarla los sindicatos en todas partes, mediante todos los medios, todas las herramientas y todos los esfuerzos posibles. No podemos reivindicar el apoyo a los derechos de las mujeres, la igualdad ni el trabajo decente sin abordar esta enorme violación de los derechos humanos.