Cuatro líderes de la comunidad asháninka en Perú fueron asesinados por madereros ilegales.

Miembros de la comunidad asháninka en Perú se dirigen a los delegados sindicales en la COP-20, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Las viudas de los líderes de la comunidad asháninka asesinados, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en Perú.

Brian Kholer, segundo por la derecha, con líderes de la comunidad asháninka en Perú.

La lucha por los recursos pone en peligro los derechos laborales

05.12.2014

El cambio climático es una amenaza para todo lo que defiende el movimiento obrero: la equidad, la justicia social, el trabajo decente y los derechos humanos, afirma Brian Kohler, director de sostenibilidad de la IndustriALL Global Union en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP-20) que se celebra en Lima (Perú).

La transformación está llegando. La opción que tenemos es si habrá una lucha violenta por recursos como el agua, la energía y la tierra fértil - medidas de supervivencia desesperadas de última hora que descartan completamente los derechos humanos y la protección social – o una transición ordenada y justa que respete y proteja a los trabajadores actuales a la vez que cree trabajo nuevo y decente en industrias sostenibles para mañana.

Esto no es un futuro abstracto. Para algunas personas, ya está sucediendo. El 4 de diciembre, la delegación sindical en la COP-20 se reunió con las viudas, los hijos y los amigos de los cuatro líderes asháninka de la comunidad peruana de Saweto, en la frontera con Brasil: Edwin Chota Valera, Leoncio Quincima Meléndez, Jorge Ríos Pérez y Francisco Pinedo of Alto Tamaya, Ucayali. Fueron asesinados por madereros ilegales cuando trataban de proteger sus tierras ancestrales de la destrucción. Como el cambio climático provoca cada vez más tensiones, esos enfrentamientos aumentarán.

Los hombres asesinados eran líderes de su comunidad. Sus viudas nos pidieron angustiadamente ayuda. Las emociones no podían ser mayores.

Una dijo: “He venido de muy lejos. Usted no me conoce, pero debe saber que estamos acosados. El Gobierno no reconoce nuestros derechos a la tierra y la está vendiendo a multinacionales. Pero es nuestra tierra ancestral; ¿cómo pueden venderla? Estoy tan triste. Ahora soy viuda. La gente habla sobre el clima, pero son las multinacionales las que están destruyendo el clima, la tierra y el agua. Nosotros queremos protegerlo.”

Otra, la hija de uno de los hombres asesinados, dijo: “Ahora somos los únicos guardianes de nuestro bosque. No se nos trata con respeto. El Estado está destruyendo el lugar en que vivimos. Quiero ser respetada como miembro de la comunidad indígena. Es importante que tengamos apoyo para que no se destrocen los árboles y no se mate a nuestros hombres. Nosotros protegemos el bosque no sólo para nosotros, sino para todos: es la fuente de agua limpia, de aire puro. Por favor, apoyen nuestra lucha.”

Una tercera mujer nos dijo: “Gracias al apoyo de nuestra familia todavía estamos aquí. Pero sufrimos la constante amenaza de madereros ilegales y narcotraficantes. Tanto Brasil como Perú deben protegernos. Somos seres humanos, queremos justicia. Yo no quiero matar a los asesinos, quiero justicia. Queremos vivir en paz y armonía.”

Uno de los hombres añadió: “Los gobiernos no entienden que no existen fronteras. Los pueblos indígenas no tienen fronteras; que estemos en Perú o en Brasil es irrelevante. El medio ambiente tampoco conoce fronteras. Los pueblos indígenas sufren una lucha aquí por sus tierras. Pero es preciso comprender que se trata de un problema para la humanidad. Los explotadores pueden ganar dinero, pero pronto no van a poder comprar el agua, el oxígeno o la vida con él.”