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La IndustriALL cuestiona la función de Rio Tinto en Paraguay

30.07.2012

Tras la inmediata reanudación de las negociaciones por una planta de aluminio de 4.000 millones $ en Paraguay, a raíz del golpe de estado, la IndustriALL Global Union pide a Rio Tinto que revele públicamente su interés y su participación, si los hubiere, en el golpe de estado en Paraguay y el derrocamiento del gobierno democrático elegido legítimamente de Fernando Lugo.

“Rio Tinto, que mantiene una asociación legendaria con el Gobierno de Canadá, se ha apresurado a reanudar las negociaciones en nombre de Rio Tinto Alcan, radicada en Canadá, por una planta de aluminio valorada en 4.000 millones $”, escribe Jyrki Raina, secretario general de la IndustriALL Global Union, en una carta dirigida al director ejecutivo de Rio Tinto Alcan. “Antes del golpe, esas negociaciones se habían estancado a causa de un desacuerdo sobre el precio de la energía que habría de pagar Rio Tinto Alcan para el funcionamiento de la fundería.”

El acceso a un bajo precio de la energía es fundamental para la rentabilidad de las funderías de aluminio, y Rio Tinto tiene un deficiente historial sobre la manera de obtener acceso a la energía, frecuentemente con precios garantizados o subvenciones, y sin responsabilidad ante los gobiernos, como se ha visto en Rio Tinto Alcan en Alma, Quebec, y en Simandou en Guinea.

La IndustriALL Global Union está realizando una campaña para dar a conocer el comportamiento carente de ética de Rio Tinto en todo el mundo. La IndustriALL apoyó a los trabajadores en las instalaciones de Rio Tinto Alcan en Alma, Quebec, durante un cierre patronal de seis meses que terminó en julio. El costo del cierre patronal de la compañía para la región se estima en 2 millones $C semanales, incluido el controvertido acuerdo por el que Hydro-Québec readquiría la electricidad no utilizada por la compañía mientras durara el cierre patronal.

La IndustriALL Global Union escribió también al primer ministro de Canadá expresando consternación por su rápido reconocimiento del gobierno golpista de Paraguay, que se produjo al mismo tiempo que varios gobiernos de América del Sur indicaron que no reconocían al gobierno de Federico Franco.

El gobierno elegido democráticamente de Fernando Lugo fue derrocado 32 horas después de una moción de censura para la destitución basada en acusaciones falsas y sin pruebas. Fernando Lugo dijo sobre el golpe: “Aquí ha habido una ruptura del orden democrático, aquí ha habido un juicio político sin razón alguna, y se ha perpetrado un golpe parlamentario …”