Estas palabras son de una trabajadora de la confección en Bangalore, India. Algunas sindicalistas de esta industria describen una verdadera pesadilla en ciertas fábricas proveedoras de la zona, donde sufren acoso, intimidación, humillación y explotación todos los días. Sin embargo, siguen luchando por su dignidad y la de otras trabajadoras.
La situación es particularmente crítica en determinados segmentos de la industria de la confección. Otras mujeres de los sectores minero, cementero y electrónico compartieron experiencias similares. No obstante, en los lugares donde los sindicatos son más robustos, las trabajadoras gozan de mayor protección.
“No hay ningún lugar donde las mujeres puedan sentirse seguras en nuestros lugares de trabajo”, afirmaron tres integrantes de los sindicatos indios de la industria de la confección GLU y KIGWU. Trabajan en fábricas que producen para importantes marcas internacionales.
Mediante actividades de mapeo de los peligros en el lugar de trabajo, las mujeres identificaron los lugares donde se enfrentan a riesgos de acoso psicológico y sexual, y sus mapas se llenaron rápidamente de cruces rojas.
Para muchas, el acoso comienza incluso antes de llegar a la fábrica. Los conductores de autobús las acosan sexualmente durante su trayecto al trabajo. Los guardias de seguridad hacen lo mismo en las entradas de las fábricas. Dentro de la fábrica, la humillación por parte de la dirección se convierte en algo habitual.
“No está hecha para este trabajo. Debería quedarse en casa criando a sus hijos. Su lugar está en los barrios rojos”.
Los empleadores presionan a las trabajadoras para que cumplan con los objetivos de producción, lo que a menudo requiere horas extras no declaradas y no remuneradas. Ni siquiera los baños son lugares seguros, ya que incluso allí pueden ser vigiladas por la dirección, que las presiona para que regresen a las líneas de producción. Las mujeres que presentan quejas o están vinculadas a sindicatos se enfrentan a castigos e intimidación. Sus superiores las hacen esperar durante horas fuera de las oficinas de Recursos Humanos. Algunas se niegan a usar los ascensores porque sus compañeros varones las tocan y las manosean.
Para las sindicalistas, la vida es una lucha constante. La dirección y el departamento de Recursos Humanos vigilan de cerca a las activistas sindicales, en busca de pretextos para sancionarlas o desacreditarlas ante la menor oportunidad. Para ellas, la presión va más allá del lugar de trabajo. En casa, algunos de sus familiares las critican por alzar la voz en lugar de guardar silencio y limitarse a conservar sus empleos.
Ante esta situación, surge la pregunta de cómo estas mujeres logran seguir adelante. Son líderes con una resiliencia extraordinaria. Pero ¿a qué costo?
Las consecuencias pueden ser devastadoras para las trabajadoras de estas fábricas, incluidas las migrantes, y siguen surgiendo relatos de intentos de suicidio y suicidios entre algunas de ellas.
Sin embargo, sería un error ver a estas mujeres únicamente como víctimas. A pesar de ganar poco más que el salario mínimo de Karnataka, de INR 13.000 al mes (USD 135), se resisten. No se doblegan. Siguen manteniendo a sus familias y defendiendo sus derechos.
Para muchas, el sindicato es su única fuente de apoyo. Las organizaciones afiliadas a IndustriALL, entre ellas GLU/INTWF y KIGWU/Unions United, dan seguimiento a las denuncias y buscan soluciones y reparaciones. Además, presionan a los empleadores para que implementen medidas preventivas. Lo hacen con el apoyo de IndustriALL y, en ocasiones, con la ayuda de marcas internacionales que han firmado acuerdos marco globales (AMG).
Sin embargo, la sindicalización sigue siendo extremadamente difícil en el sector de la confección. No se permite la presencia de sindicatos en las unidades de producción de prendas de vestir. Cuando los trabajadores se sindicalizan, los empleadores suelen difundir rumores para desacreditar a los sindicatos. En esta industria, la mayoría de la mano de obra está compuesta por mujeres jóvenes que cambian con frecuencia de empleo y a quienes sus familias suelen desalentar de afiliarse a un sindicato.
La violencia sigue siendo generalizada en muchas fábricas proveedoras, y así seguirá siendo a menos que se produzcan cambios profundos en la mentalidad, la cultura de dirección, las estructuras del lugar de trabajo, las prácticas empresariales y los sistemas para prevenir la violencia y el acoso basados en género (VABG).
A través de sus AMG, IndustriALL colabora con empresas multinacionales para impulsar el cambio en todas las cadenas de suministro de la confección. En la India, el Comité Nacional de Monitoreo, en el marco del AMG con H&M, está analizando cómo implementar de manera adecuada y eficaz las directrices de esta empresa sobre la VABG para los proveedores. Dichas directrices tienen como objetivo fortalecer los mecanismos de prevención y de reclamación, alentar a las mujeres a alzar la voz y abordar las relaciones de poder desiguales en las fábricas proveedoras.
Esta medida es importante, pero los avances en la diligencia debida en materia de derechos humanos (DDDH) siguen siendo lentos. Dependen en gran medida de la capacidad de influencia de las marcas, especialmente en países donde algunos proveedores tienen tanta influencia y poder como las propias marcas. En última instancia, la protección más sólida sigue siendo una fuerza laboral organizada. Mientras no existan estructuras sindicales sólidas en gran parte de la cadena de suministro de la industria, seguirá siendo difícil lograr una transformación significativa.
La misma conclusión se observó en otros sectores
En la industria minera, las cruces rojas en los mapas de las trabajadoras también revelaron riesgos de VABG. Las mujeres de este sector identificaron riesgos relacionados con los turnos nocturnos, la iluminación inadecuada, los lugares de trabajo subterráneos aislados y la falta de instalaciones sanitarias separadas.
En el sector de la electrónica, las mujeres informaron que sus superiores las penalizaban por tomarse descansos más largos para ir al baño, sin reconocer apenas las diferencias biológicas ni las necesidades de salud menstrual. Algunos incluso se burlaban de ellas por solicitar condiciones higiénicas adecuadas, a pesar de los riesgos para la salud. El trabajo de las mujeres también sigue siendo subvalorado: principalmente realizan tareas repetitivas y tienen menos oportunidades de ascenso. Los empleadores a menudo les asignan puestos sin poder real de toma de decisiones. Muchas veces, hasta la protección por maternidad es algo que las empresas tratan como una concesión en lugar de un derecho fundamental.
Una realidad se destacó en todos los sectores: los sindicatos protegen a las mujeres.
Sin embargo, sigue siendo esencial generar conciencia. Una joven sindicalista participó en el ejercicio de mapeo de riesgos de VABG. Antes de eso, creía que los principales riesgos en la minería eran los accidentes y otros peligros tradicionales de seguridad. Luego del ejercicio y de las conversaciones con otras trabajadoras, se dio cuenta de que los riesgos de VABG también son reales y generalizados para las trabajadoras.
Por eso son importantes el liderazgo y la participación de las mujeres. Cuando las mujeres forman parte de la dirección sindical y de los órganos de toma de decisiones, los problemas que a menudo se ocultan, se normalizan o se ignoran se vuelven visibles y se abordan.
“Todas estas historias revelan una cosa: sería un error creer que la violencia es simplemente el resultado de unos pocos individuos malintencionados. Está arraigada en las culturas laborales, en las relaciones de poder desiguales y en los modelos de negocio que siguen tolerando lo inaceptable”,
afirma Armelle Seby, directora de género y trabajadores no manuales de IndustriALL.
Es precisamente por eso que las sindicalistas de la India siguen organizándose y luchando, a pesar de todo. Para muchas trabajadoras, el sindicato no es solo representación.
Es lo que les impide rendirse.
