4 marzo, 2026La imposición por parte de Estados Unidos de fuertes aranceles a las importaciones procedentes de Lesoto, anunciada por el presidente Donald Trump en abril de 2025 como parte de su política comercial “recíproca”, ha desencadenado una grave crisis para los trabajadores y trabajadoras de la confección y devastado la industria textil de este reino montañoso. Esta industria es el mayor empleador del sector privado y el sustento de decenas de miles de mujeres, muchas de las cuales se han quedado sin ingresos, trabajo ni perspectivas de futuro.
Para las trabajadoras, las consecuencias son especialmente graves. Cada día, desde las 7 de la mañana, las mujeres despedidas hacen cola en las puertas de las fábricas con la esperanza de conseguir turnos esporádicos, mientras que otras recurren a trabajos informales, como lavar ropa o vender en la calle. La pérdida de puestos de trabajo ha sumido a los hogares en el desamparo, ya que algunas trabajadoras tienen dificultades para costear la comida, los gastos escolares, la vivienda o los productos básicos, lo que agrava la inseguridad alimentaria y la dependencia de la agricultura de subsistencia o las remesas. Los sindicatos describen una crisis de la cadena de suministro que afecta especialmente a las mujeres, ya que estas se enfrentan a opciones limitadas en una economía patriarcal con escasos puestos de trabajo formales.
La industria textil de Lesoto, que otrora fue próspera gracias al acceso libre de aranceles que le proporcionaba la Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA), exportaba vaqueros, ropa informal y prendas de vestir para grandes marcas, como Levi’s, Gap, Walmart y Reebok, entre otras, a Estados Unidos, su principal mercado. Las exportaciones anuales al país norteamericano alcanzaron más de 230 millones de dólares, lo que representaba más del 45 % de la producción del sector y contribuía en torno al 20 % del PIB de Lesoto. En su momento álgido, el sector empleaba a 50.000 personas, de las cuales entre el 80 % y el 95 % eran mujeres, en su mayoría jefas de familia. Según los sindicatos, los salarios de estas trabajadoras eran importantes para un país azotado por una pobreza generalizada y una tasa de desempleo superior al 30 %, con un desempleo juvenil aún mayor.
Los aranceles, fijados inicialmente en un 50 %, los más altos del mundo en ese momento, provocaron un caos inmediato. Incluso después de que las negociaciones redujeran la tasa al 15 %, que seguía siendo superior al 10 % que pagaban otros países productores de textiles como Kenia, Esuatini y Etiopía, la incertidumbre de los compradores, las cancelaciones de pedidos y las dudas sobre el futuro de la AGOA provocaron perturbaciones generalizadas. La AGOA expiró en septiembre y se prorrogó solo un año, hasta 2026, lo que aumentó el temor a la pérdida permanente de sus beneficios.
Varias fábricas han cerrado, reducido su actividad o trasladado sus operaciones a otros países. La ola de cierres ha dejado a las trabajadoras y los trabajadores de la confección de Lesoto sin recursos ni redes de protección. Por ejemplo, Ever Unison Garments, que en su momento llegó a tener más de 2000 personas empleadas, cerró temporalmente y volvió a abrir con solo 200 trabajadores, pero amplió su producción en Kenia y Esuatini, donde los aranceles son más bajos. Tai Yuan Garments, por su parte, cerró y dejó a 1500 personas sin empleo. Con el cierre de TZICC Clothing Manufacturers, se perdieron 700 puestos de trabajo. Precious Garments, que empleaba a alrededor de 4000 trabajadores y producía para marcas como Reebok, Mayor y Fish, ha despedido a toda su plantilla ante la reticencia de los compradores a renovar la AGOA a corto plazo.
Otras fábricas han registrado recortes importantes: Quantum Apparel ha despedido a más de la mitad de su personal. Hippo Knitting, que produce para Fabletics, pasó de 1200 a 400 empleados. Maseru E-Textiles, que fabrica para Perry Ellis, ha puesto a sus 1000 empleados en una suspensión indefinida después de despedir a otros 200.
El Sindicato Democrático Independiente de Lesoto (IDUL), afiliado a IndustriALL Global Union, advirtió de que decenas de miles de puestos de trabajo están en peligro, potencialmente hasta 40.000, si persisten estas condiciones en las actividades orientadas a la exportación. Según el IDUL, muchas trabajadoras y trabajadores se enfrentan a una reducción de horas, salarios recortados (algunos de tan solo un tercio de la remuneración habitual), políticas de “sin trabajo, no hay salario” y licencias no remuneradas.
La secretaria regional de IndustriALL para África Subsahariana, Paule-France Ndessomin, declaró:
“A medida que los efectos de los aranceles punitivos sobre las familias encabezadas por mujeres se hacen notar en Lesoto, se pone de relieve cómo las decisiones políticas de Estados Unidos pueden devastar los puestos de trabajo y los medios de vida lejanos en el sur global, y por qué el comercio debe ser justo para los países en desarrollo. Sin una intervención urgente, las trabajadoras del sector textil de Lesoto corren el riesgo de quedar excluidas permanentemente de la economía formal”.
