25 junio, 2026Los trabajadores de la planta de ensamblaje de Beijing Automotive International Company (BAIC), situada en las afueras de Gqeberha (Puerto Elizabeth), Sudáfrica, se encuentran en huelga. Tras una paralización de la planta de dos meses, la empresa recortó los salarios por hora a menos de la mitad, lo que supone una violación de los convenios sectoriales nacionales. Los miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA), afiliado a IndustriALL, llevan más de diez días sin trabajar.
Inicialmente, los trabajadores estaban clasificados en el nivel de cualificación 1 definido por el Foro Nacional de Negociación, la plataforma de negociación colectiva del sector, lo que les daba derecho a ZAR 121 (USD 7,30) por hora. En junio de 2025, BAIC llevó a cabo una serie de despidos debido a una renovación de la planta. Cuando el personal se reincorporó al trabajo dos meses después, el salario por hora se había reducido a ZAR 48 (USD 2,90).
Los trabajadores especializados, como los pintores de carrocería y los soldadores dedicados a la soldadura con CO₂, ganan actualmente ZAR 84 (USD 5,07) y ZAR 48 (USD 2,90) por hora, respectivamente, frente a una tarifa sectorial de ingreso de ZAR 163,24 (USD 9,85) y una tarifa para trabajadores cualificados de ZAR 180,53 (USD 10,90).
El NUMSA exige que se restablezcan ambos salarios, además del pago de los atrasos y las prestaciones correspondientes a los trabajadores que han desempeñado funciones de jefes de equipo, en algunos casos durante más de seis meses, sin haber sido nombrados oficialmente.
BAIC debe respetar los acuerdos salariales del sector
En el origen del conflicto salarial se encuentran las reivindicaciones del NUMSA de que BAIC cumpla las mismas condiciones que se aplican a los demás fabricantes de equipos originales (OEM) que operan en Sudáfrica. El sindicato pretende que el pago semanal pase del viernes al miércoles, para no dejar a los trabajadores sin recursos durante los fines de semana largos y los días festivos; que los trabajadores con contrato temporal que lleven más de tres meses en la empresa pasen a ser fijos; y que los graduados del programa de formación del Servicio de Empleo Juvenil del Gobierno sean contratados con puestos fijos una vez finalizada su formación.
“BAIC debe ajustarse a lo que hacen todos los demás fabricantes de equipos originales. Sin excepciones, sin atajos en materia de prestaciones”, afirmó Mziyanda Twani, secretario regional del NUMSA para el Cabo Oriental.
Paule-France Ndessomin, secretaria regional de IndustriALL para África Subsahariana, agregó: “La negociación sectorial es un pilar de las relaciones laborales en Sudáfrica. BAIC no debe socavarla con salarios bajos”.
El proyecto insignia no cumple con las expectativas
En 2016, el grupo de Pekín formó una empresa conjunta con Industrial Development Corporation (IDC), de propiedad estatal, en la que adquirió una participación del 65 % frente al 35 % de IDC, con el fin de construir una planta de montaje de 12,6 mil millones de rands (764 millones de dólares) en la zona de Coega, en las afueras de Gqeberha.
La planta estaba destinada a producir hasta 100.000 vehículos al año, crear 10.000 puestos de trabajo y servir de base para las ambiciones de BAIC en África Subsahariana, Oriente Medio y más allá.
Las ventas se han mantenido bajas. Desde entonces, BAIC ha depositado sus esperanzas en el SUV X55 y, más recientemente, en el B30, al tiempo que ha señalado sus planes de ampliar las instalaciones de Coega a pesar de las presiones arancelarias estadounidenses sobre el comercio mundial.
Los automóviles chinos, encabezados por la marca Haval de Great Wall Motors y por Chery, se han convertido en parte habitual del paisaje vial sudafricano. En el primer trimestre de 2026, las ventas combinadas de vehículos fabricados en China ascendieron a 16.094, y estas marcas ahora se sitúan entre las tres más vendidas del país.
Su avance se ha basado en unos precios competitivos y en la mejora de las características técnicas, en un momento en el que los elevados tipos de interés y el débil crecimiento de los salarios reales han reducido el presupuesto de los consumidores sudafricanos.

