6 octubre, 2026¿Puede un trabajador subcontratado de 22 años dejar de realizar una tarea peligrosa cuando la producción va atrasada, sin temer por su próximo contrato? Los trabajadores jóvenes de los sectores minero y energético que se reunieron en Abiyán, Costa de Marfil, el 29 de septiembre dijeron que, con demasiada frecuencia, la respuesta es no, y señalaron lo que debe cambiar.
La Conferencia Mundial de la Juventud en la Minería y la Energía, organizada por IndustriALL Global Union, reunió a jóvenes sindicalistas para acordar prioridades en materia de trabajo decente, salud y seguridad, capacitación y el fin de la violencia y el acoso basados en género.
En todas las sesiones surgió un mismo tema: los trabajadores jóvenes son los que menos pueden alzar la voz y los que más probabilidades tienen de pagar el precio.
La prueba de la realidad
El Dr. Vincent Kouamé, médico, planteó el problema directamente a partir del siguiente ejemplo: un joven trabajador subcontratado está en su tercer día de trabajo, cerca de una trituradora y bajo un calor intenso, sin que nadie haya comprobado sus competencias ni verificado su equipo de protección. Se siente mareado, pero la producción va atrasada y su familia depende de él.
Los trabajadores jóvenes de entre 15 y 24 años tienen un 40 % más de probabilidades de sufrir accidentes no mortales que los mayores de 25. Pero Kouamé dijo que el problema no es la juventud. Es un sistema que pone en peligro a los recién llegados y los deja con miedo de negarse a trabajar.
“Un derecho que un trabajador teme ejercer no es un derecho efectivo,”
afirmó.
Pidió cláusulas contra las represalias, canales seguros para reportar incidentes y un “pasaporte de 90 días” para los nuevos trabajadores, de modo que ningún joven realice tareas críticas sin supervisión hasta que haya demostrado que puede hacerlo de manera segura.
“Ningún joven debería ganar experiencia a costa de una lesión”.
Contratos precarios, trabajadores en silencio
Otras intervenciones mostraron cómo el trabajo precario les quita la voz a los trabajadores jóvenes.
Emmanuel Adjei Danso, director de minería y energía de IndustriALL, dijo que los contratos de duración determinada y la subcontratación se han convertido en “la nueva normalidad”, lo que hace cada vez más difícil la sindicalización y la negociación colectiva a lo largo de las cadenas de suministro.
Christina Olivier, secretaria general adjunta de IndustriALL, advirtió que los programas de formación de aprendices a menudo se convierten en una fuente de mano de obra barata, donde los jóvenes hacen las mismas tareas que los demás trabajadores sin recibir capacitación y sin perspectivas de empleo al finalizar.
“El éxito debería medirse por cuántos empleos seguros y decentes se generan. Los hechos hablan por sí solos,”
expresó.
Sin red de protección, no hay opción
Para muchos jóvenes, señaló el Dr. Mbuso Moyo, de la Universidad de Witwatersrand, negarse a hacer un trabajo peligroso simplemente no es una opción.
En África hay unos 304 millones de trabajadores jóvenes, pero el 90 % tienen empleos informales y no regulados. Sin redes de protección social, el desempleo es un lujo que no pueden permitirse, así que aceptan trabajos peligrosos y mal remunerados solo para sobrevivir.
Moyo describió cómo las empresas multinacionales usan a los intermediarios laborales para protegerse, quedándose con las ganancias mientras los jóvenes trabajadores en la base asumen el riesgo. En la minería artesanal, los jóvenes terminan atrapados en deudas con los intermediarios. En las plataformas digitales, pueden ser excluidos por un algoritmo sin derecho a apelación.
Incluso en la minería formal, dijo, los “sindicatos amarillos” controlados por la dirección pueden silenciar las voces independientes de los jóvenes.
Dado que África suministra gran parte de los minerales críticos para la transición energética a nivel mundial, se preguntó por qué tantos de sus jóvenes siguen viviendo en la pobreza: “¿Por qué dejamos que esto pase?”
Cuando el poder anula el consentimiento
Por la tarde, Amanda Odoi, del Centro de Estudios de Sostenibilidad de la Universidad de Lund, explicó el Convenio n.o 190 de la OIT (C190) sobre la violencia y el acoso en el mundo del trabajo.

Mostró cómo las diferencias de poder basadas en la edad, el estatus y la jerarquía pueden anular el consentimiento, lo que deja a las y los trabajadores jóvenes y aprendices especialmente expuestos al acoso sexual. El miedo a las represalias, el estigma y la falta de confianza en sí mismas impiden que muchas víctimas denuncien.
Odoi instó a los sindicatos a usar el C190 para negociar protecciones en los convenios colectivos, capacitar a los representantes para apoyar a los sobrevivientes y defender a cualquiera que sufra represalias por alzar la voz.
Durante el trabajo en grupo, los participantes compartieron ejemplos de acoso sexual en sus trabajos y pidieron que se implementen políticas contra la violencia y el acoso basados en género en todos los lugares de trabajo.
Romper el silencio
Los jóvenes delegados no se quedaron callados en los debates.
Hablaron abiertamente sobre la salud mental y el estigma que la rodea, y señalaron que a menudo se menosprecia a los trabajadores que recurren a los servicios de apoyo. Pidieron que se tratara el tema como cualquier otra cuestión de salud y seguridad.
Según los delegados, las evaluaciones de riesgo existen sobre el papel, pero los sindicatos deben asegurarse de que las empresas las lleven a cabo como es debido y de que involucren a los trabajadores. Un delegado señaló que los uniformes de trabajo negros agravan el estrés térmico. Es un problema sencillo que tiene fácil solución, siempre y cuando se escuche a los trabajadores.
Por otro lado, los participantes pusieron el foco en sus propias organizaciones: dijeron que los sindicatos también son empleadores y deben dar el ejemplo. Odoi hizo hincapié en lo mismo, e instó a los sindicatos a combatir la cultura de la masculinidad dentro de sus propias filas para ganar la autoridad moral necesaria para exigir cambios a las empresas.

Kouamé resumió qué significaría alcanzar el éxito:
“El día en que el trabajador más joven de un equipo pueda detener una tarea ante un peligro evidente y la dirección lo felicite en lugar de amenazarlo, habremos cambiado nuestra cultura en materia de seguridad”.







