23 abril, 2026El 24 de abril de 2013, trabajadores y trabajadoras de la confección llegaron al Rana Plaza, en Daca, Bangladesh, para comenzar otro turno. Las grietas en las paredes ya se habían hecho visibles el día anterior. El personal alertó de la situación, pero se les respondió que el edificio era seguro. En cuestión de horas, los ocho pisos se derrumbaron, lo que provocó la muerte de 1134 personas, en su mayoría mujeres, y dejó miles de heridos.
No fue un accidente, sino el resultado de una industria que había pasado décadas considerando la seguridad de los trabajadores como un problema ajeno. También fue, en última instancia, un punto de inflexión.
Construido sobre los escombros
Tres semanas después del derrumbe, IndustriALL Global Union y UNI Global Union se reunieron con marcas de ropa internacionales. Lo que negociaron no había existido nunca antes en el sector: un acuerdo jurídicamente vinculante que responsabilizaba directamente a las marcas por la seguridad en sus cadenas de suministro.
El Acuerdo de Bangladesh sobre Seguridad en la Construcción de Edificios y de Instalaciones de Sistemas contra Incendios entró en vigor en mayo de 2013, firmado por 43 marcas de 13 países. Su lógica era sencilla y radical al mismo tiempo: que las marcas que se beneficiaban de la mano de obra barata en fábricas lejanas ya no pudieran externalizar la responsabilidad por lo que ocurría en su interior.
Lo que siguió fue un cambio cuantificable y documentado. Hasta la fecha se han llevado a cabo más de 48.000 inspecciones de fábricas, en las que se ha comprobado el cumplimiento de las normas de seguridad contra incendios, eléctricas, de calderas y estructurales. La tasa de remediación se sitúa en el 81 %. Se ha impartido capacitación en materia de seguridad en el trabajo a más de 2,5 millones de personas, lo que incluye la prevención de la violencia de género. Se han resuelto con éxito más de 1831 reclamos a través de mecanismos de reclamación exigibles. En la actualidad, alrededor de 12.632 trabajadores forman parte de comités de seguridad en las fábricas de Bangladesh.
El camino no siempre ha sido fácil. Los recursos legales interpuestos por los propietarios de las fábricas amenazaron la capacidad del Acuerdo para operar en Bangladesh. Las negociaciones para renovarlo se prolongaron y, en ocasiones, corrieron peligro. Algunas marcas se mostraron reticentes y otras se retiraron. Sin embargo, el marco se mantuvo y se amplió.
De Bangladesh al mundo
En noviembre de 2023, las marcas y los sindicatos renovaron sus compromisos en el marco de un nuevo Acuerdo Internacional. El acuerdo amplió su modelo a Pakistán, donde se inspeccionaron 351 fábricas hasta marzo de 2026. Entre ambos programas, el Acuerdo Internacional cuenta ahora con 297 marcas signatarias, que abarcan a unos 2,5 millones de trabajadores solo en Bangladesh.
El Acuerdo también demostró algo más allá de sus propias fronteras: que los acuerdos vinculantes, administrados de forma independiente y transparentes, dan resultados allí donde los códigos voluntarios y la autorregulación no lo hacen. Esa lección dio forma al impulso global a favor de una legislación obligatoria sobre la diligencia debida en materia de derechos humanos, que culminó en la Directiva de la UE sobre la diligencia debida en materia de sostenibilidad empresarial en 2024.
El actual Acuerdo Internacional tiene vigencia hasta finales de 2026. Se avecinan las renegociaciones, e IndustriALL Global Union tiene claro que la próxima versión debe partir de lo ya logrado, y no dar un paso atrás. IndustriALL y sus afiliados de Bangladesh están trabajando actualmente en sus propuestas para garantizar que se amplíen el ámbito de aplicación y el mecanismo de reclamaciones. Los sindicatos también quieren asegurarse de que la estructura de gobernanza funcione de manera eficaz.
El secretario general de IndustriALL, Atle Høie, afirmó:
“Hace trece años, 1134 personas perdieron la vida en un edificio que nunca debería haberse ocupado. Lo que se ha construido como respuesta, tras años de campañas, negociaciones y el poder organizado de los trabajadores y trabajadoras, ha salvado vidas y ha cambiado lo que la industria consideraba posible. La cuestión ahora es si las marcas honrarán ese compromiso mediante un Acuerdo más sólido o si considerarán la renegociación como una oportunidad para diluirlo.
Para IndustriALL Global Union, la respuesta no deja lugar a dudas. Los trabajadores y trabajadoras que confeccionan la ropa de todo el mundo merecen nada menos que lo que el Acuerdo, en su mejor versión, siempre ha prometido: seguridad, rendición de cuentas y la posibilidad de hacerse oír”.
