10 octubre, 2026Basta con reunir a 120 sindicalistas de todo el mundo en una sala durante dos días para obtener una imagen clara de los retos a los que se enfrentan los trabajadores y de cómo están respondiendo. En la conferencia mundial de sindicalización celebrada en Kuala Lumpur los días 8 y 9 de octubre, se compartieron historias de fábricas de ropa en la India, minas de cobalto en la República Democrática del Congo, plantas de baterías en Hungría y fábricas de automóviles en Alabama. Los países eran distintos. Los desafíos eran sorprendentemente similares.
Los desafíos
El trabajo se está desplazando, y los sindicatos deben seguirle el paso. Durante 20 años, los sindicatos de la industria de la confección en Bangalore, India, organizaron a los trabajadores de fábrica de primera generación. Ahora, el sector se está trasladando a zonas rurales.
“Muchos trabajadores ni siquiera saben lo que es un sindicato”, afirmó Dithhi Battarcharya, de Unions United. “Por eso debemos empezar desde el principio: ¿qué es un colectivo? ¿Qué es un sindicato?”
La nueva economía se está construyendo en torno a las baterías, los minerales críticos y los semiconductores, a menudo en condiciones precarias. En Hungría, se han construido cinco plantas de baterías en seis años. Tamás Székely, de VDSZ, describió una rotación de personal del 25 % y la hostilidad de los empleadores hacia los sindicatos. En la industria de vehículos eléctricos de Tailandia, Kittisak Priangkratok, de la CILT, señaló que los contratos de un año mantienen a los trabajadores en una situación demasiado insegura como para afiliarse a un sindicato. En la República Democrática del Congo, Placide Adrupiako Minota, del TUMEC, indicó que los mineros de cobalto a menudo trabajan sin equipo de protección, y que no se aplica el salario mínimo legal de alrededor de USD 9 al día.
Y las tácticas antisindicales también se propagan. Kristyne Peter, de UAW, describió la campaña contra los trabajadores de Mercedes-Benz en Alabama como “una de las campañas antisindicales más agresivas que he visto en mi vida”. Claudia Rahman, de IG Metall, explicó cómo Tesla socava al comité de empresa en su planta cerca de Berlín. En Turquía, Aykut Güneş, de Selüloz-İş, señaló que cada año se despide a más de 2500 trabajadores por su actividad sindical.
Las respuestas
A pesar de todo, la sala estuvo llena de respuestas. En la cadena de suministro de baterías de Indonesia, SPN ha logrado sindicalizar a trabajadores de zonas remotas mediante la colaboración con las comunidades locales. En Zimbabue, el ZDAMWU utilizó la diligencia debida en materia de derechos humanos para centrar sus acciones en determinados empleadores y ahora cuenta con 15.000 miembros.
“Todo lo que hacemos se centra en la sindicalización”, afirmó el secretario general, Justice Chinhema. Los trabajadores se afilian, explicó, porque el sindicato trabaja sobre el terreno y permite que ellos participen.
En Suecia, durante la huelga de 1000 días de IF Metall en Tesla, la empresa recurrió a rompehuelgas. Sin embargo, el modelo sueco se mantuvo firme: desde entonces, los sindicatos han firmado acuerdos con Klarna, Ryanair y King. El apoyo público a los convenios colectivos ha crecido.
Los organizadores sindicales volvieron una y otra vez a lo fundamental: una conversación que lleve al trabajador del enojo a la esperanza y, de ahí, a la acción; un comité de sindicalización sólido que se forme discretamente antes de que la campaña se haga pública; y una estrategia que parta de las propias preocupaciones de los trabajadores.
Para Gopal Krishnan, secretario general del NUTEAIW, de Malasia, la lección fue sencilla:
“Si los empleadores van a utilizar a los migrantes para debilitar la fuerza sindical, nuestra respuesta debe ser sindicalizar a los migrantes”.
En el segundo día, la atención se centró en la llamada “campaña de aire”, en la que se ejerce presión sobre las empresas desde afuera mediante diversas herramientas, tales como:
- Convenios de la OIT
- quejas ante la OCDE
- Acuerdos Marco Globales
- presión de los inversores
- diligencia debida en materia de derechos humanos
- comunicaciones
Construir un poder que perdure
La urgencia es evidente. En los países de la OCDE, la densidad sindical se ha reducido a la mitad desde 1985: del 30 % al 15 %. La magnitud de la tarea es abrumadora. Miles de lugares de trabajo siguen esperando la presencia de un sindicato, y los sectores en rápido crecimiento están generando millones de nuevos empleos. Ningún sindicato cuenta con los recursos para llegar a todos ellos al mismo tiempo.
Por lo tanto, los sindicatos deben decidir juntos dónde concentrar sus esfuerzos: en las cadenas de suministro y las multinacionales que dan forma a sectores enteros, organizándose más allá de las fronteras hasta reunir a suficientes trabajadores para cambiar las reglas.
Para ello se necesita dinero. Los organizadores sindicales dejaron claro que el cobro de cuotas no es una mera formalidad: los afiliados que pagan sus cuotas exigen que sus sindicatos rindan cuentas, y esas cuotas financian la siguiente campaña de sindicalización.
El fondo para campañas y sindicalización de IndustriALL está respaldando proyectos que van desde la industria de baterías de Indonesia hasta la industria textil de Camboya y la minería de minerales críticos en el sur de África. Todo con un objetivo: que la capacidad de sindicalización de los sindicatos perdure una vez que finalice el financiamiento.
En una mina de litio de propiedad china en Zimbabue, el ZDAMWU utilizó herramientas de diligencia debida en materia de derechos humanos para sindicalizar a 600 trabajadores subcontratados, a pesar de los contratos de corto plazo y del acceso restringido al sitio. Tras una huelga a la que se sumaron los cónyuges de los trabajadores, lograron un convenio colectivo que elevó los salarios de USD 200 a USD 350. En Zambia, un equipo de diez miembros de MUZ logró el reconocimiento sindical en tres empresas mineras de propiedad china y ha afiliado a más de 300 trabajadores.
“Hace aproximadamente un año celebramos el Congreso en Sídney. Más de 1000 sindicalistas se unieron bajo el lema ‘Organizándonos para un futuro justo’, y ese llamado sigue siendo tan vigente hoy como entonces. Cuando nos unimos, ganamos. Los trabajadores del litio en Zimbabue acaban de demostrarlo. Ahora debemos hacerlo a gran escala, en cada cadena de suministro donde se decide el futuro de los trabajadores”,
afirmó el secretario general de IndustriALL, Atle Høie.





