28 mayo, 2026Existe una industria cuyo único objetivo es impedir que los trabajadores se sindicalicen. Cuenta con abundantes recursos financieros, está organizada de forma profesional y opera en todos los continentes. A menudo se la denomina “evasión sindical” y consiste en un conjunto de tácticas perfeccionadas a lo largo de décadas. Sea cual sea el nombre que se le dé, se trata, de hecho, de un ataque deliberado contra un derecho humano fundamental.
La magnitud de esta industria es impactante. Un artículo reciente en The Guardian citó un informe de 2026 del Economic Policy Institute (EPI) que revelaba que, en EE. UU., las empresas gastan más de 1500 millones de dólares al año en iniciativas de evasión sindical. Esto incluye 442 millones de dólares anuales solo en consultores especializados en estas prácticas. En 2025, Amazon gastó 26,6 millones de dólares con este fin. Un informe anterior del EPI reveló que se ha acusado a empleadores estadounidenses de violar la legislación laboral en el 41,5 % de todas las elecciones sindicales. La densidad sindical en este país ha caído del 20,3 % en 1983 al 10 % actual, y la industria de la represión sindical es, en gran medida, responsable de ese descenso. Como señaló uno de los autores del informe, se trata de millones o incluso miles de millones de dólares que no se destinan a los trabajadores ni se invierten en sus lugares de trabajo.
Las tácticas empleadas y por qué son inaceptables
Las campañas antisindicales siguen un patrón reconocible de tácticas diseñadas para coartar la libre elección de los trabajadores mediante el miedo, la desinformación y la presión.
Reuniones de asistencia obligatoria. Los empleadores obligan a los trabajadores a asistir a reuniones durante la jornada laboral en las que la dirección transmite mensajes antisindicales unilaterales. Los trabajadores no pueden retirarse y no existe derecho a réplica. En el caso de la planta de Mercedes-Benz en Alabama, esta fue una de las tácticas que impulsaron a IndustriALL a retirarse del acuerdo marco global con la empresa. Esta última, por su parte, se había comprometido explícitamente a mantener la neutralidad.
Presión individual con mensajes guionados. Se envía a supervisores, asesorados por consultores externos, a mantener conversaciones individuales con los trabajadores. El mensaje es siempre el mismo: un sindicato pondrá en peligro su puesto de trabajo, dañará su relación con la dirección y supondrá una amenaza para las inversiones.
Consultores pagados y vigilancia. Se introducen empresas especializadas en las instalaciones de la empresa. A menudo, los trabajadores desconocen quiénes son estas personas o quién paga sus honorarios. Cada vez con mayor frecuencia, se activa una vigilancia digital de forma paralela, a través del espionaje en las redes sociales, la identificación de los trabajadores que hablan de cuestiones sindicales y la infiltración en grupos en línea para vigilar la actividad sindical.
Despido de activistas sindicales. Despedir a trabajadores por su actividad sindical es una de las armas más poderosas del arsenal, ya que envía un mensaje claro al resto del personal. En la planta de Mercedes-Benz en Alabama, un empleado con 25 años de antigüedad y un historial impecable fue sancionado por decirles a sus compañeros que tenía formularios de afiliación sindical. El principal organizador sindical, Jeremy Kimbrell, que llevaba 26 años trabajando en la planta, fue despedido en febrero de 2025 por lo que el sindicato UAW describe como un pretexto inventado.
Los bufetes de abogados como instrumentos de evasión sindical. Los bufetes de abogados y consultores que se encuentran en el centro de esta industria publicitan abiertamente sus servicios. Sus propios materiales promocionales describen la “derrota de un sindicato” como algo “gratificante”, prometen ayudar a los empleadores a mantener “lugares de trabajo libres de sindicatos” y se ofrecen a conseguir que los trabajadores voten en contra de sindicalizarse. Varios de ellos tienen antecedentes documentados de conductas ilícitas en campañas anteriores. Así lo han constatado jueces laborales federales, y se trata de información que estaba a disposición del público incluso antes de que las empresas contrataran estos servicios.
Un problema global en nuestros sectores
La represión sindical no es exclusiva de EE. UU., sino que es un problema que enfrentan los afiliados de IndustriALL a nivel mundial.
Turquía es uno de los entornos más desfavorables del mundo para la organización sindical. Los sindicatos documentan despidos, amenazas e injerencias de los empleadores en los sectores manufacturero y textil. Los trabajadores de Digel Textile se afiliaron al sindicato del sector de la confección TEKSIF después de que este fuera reconocido como agente legítimo de negociación colectiva. La empresa respondió despidiendo a cuatro miembros destacados del sindicato y amenazando a los trabajadores con el cierre de la fábrica si no se desafiliaban. Por otra parte, en el sector metalúrgico, el sindicato Birleşik Metal-İş fue reconocido como agente oficial de negociación en SAG Hidrolik, pero la empresa despidió a tres de sus afiliados sin causa justificada y amenazó a los trabajadores con el cierre de la fábrica si permanecían en el sindicato.
En Alemania, Adidas abandonó el convenio colectivo sectorial al cambiar su categoría de membresía industrial a una que le permitía eludir sus obligaciones en materia de negociación colectiva, una decisión cuyas repercusiones se extienden a toda su cadena mundial de suministro.
En Malasia, IndustriALL presentó una denuncia formal ante la OIT en marzo, en la que se documentaban prácticas de represión sindical en doce empresas de los sectores electrónico, de semiconductores, aeroespacial, automotor y del papel. Los trabajadores de Nexperia votaron a favor de su sindicato con un apoyo de casi el 96 %. En Boeing Composites Malaysia, el 85 % votó a favor. Sin embargo, estas victorias no pusieron fin a la lucha. Las empresas despidieron a trabajadores y amenazaron con deportar a los migrantes. Además, utilizaron la justicia como un arma, presentando recurso tras recurso para retrasar el reconocimiento sindical durante años; en un caso, más de una década.
Los trabajadores tienen derecho a saber
Los Convenios 87 y 98 de la OIT consagran el derecho de sindicación y de negociación colectiva, e IndustriALL los incorpora en los acuerdos marco globales que negocia con las multinacionales. Esas empresas se han comprometido, por escrito, a respetarlos en todos los lugares donde operan.
Atle Høie, secretario general de IndustriALL, afirmó:
“La represión sindical constituye una violación de esos compromisos. Cuando una empresa firma un acuerdo marco global en el que promete neutralidad y luego recurre a tácticas destinadas a frustrar las campañas sindicales, no se está moviendo en una zona gris legal. Está incumpliendo su palabra y socavando un derecho humano fundamental. La libertad sindical no es opcional ni constituye una excepción local”.
